
La obra existe mientras las condiciones lo permiten y desaparece cuando la naturaleza retoma su curso. Conocé más sobre estas intervenciones fugaces.
ARTE URBANO

El último pincel de "Los Fridos" [Imagen], por La Crónica de Hoy.
El mundo artístico despide a una de sus figuras más longevas. Se trata del muralista, dibujante y grabador Guillermo Monroy Becerril, quien falleció a los 102 años en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Como integrante del selecto grupo de discípulos directos de Frida Kahlo conocidos como "Los Fridos", fue un arquitecto activo de la identidad visual mexicana a través de una obra que fusionó la estética revolucionaria con un compromiso social inquebrantable.
Nacido en 1924 en Tlalpujahua, Michoacán, la formación de Monroy Becerril representó la época dorada de la educación artística en México. Se tituló como maestro en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda", donde tuvo por guías a los nombres más potentes de la plástica nacional: Frida Kahlo, Diego Rivera, Raúl Anguiano y José Chávez Morado.
El vínculo con Kahlo fue determinante. Junto a Fanny Rabel, Arturo Estrada y Arturo García Bustos, conformó el colectivo "Los Fridos". Bajo la tutela de la maestra, este grupo rompió los muros de la academia para intervenir espacios cotidianos, como la famosa pulquería "La Rosita" y la Casa de la Madre Soltera en Coyoacán. Una etapa fundamental para consolidar su visión del arte como una herramienta pública y colectiva.
La trayectoria de Monroy en el muralismo es una cronología de los proyectos más ambiciosos del país. Colaboró estrechamente con Diego Rivera en hitos como el Cárcamo de Chapultepec y el Museo Anahuacalli.
Gracias a su destreza técnica también trabajó junto a José Clemente Orozco en la Escuela Nacional de Maestros y con Juan O’Gorman en la Biblioteca Central de la UNAM, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad.
Algunas obras propias:

Mural realizado en el Hotel Posada del Sol, por Guillermo Monroy. Un testimonio increíble del muralismo mexicano del siglo XX.
Más allá de la pintura de caballete y los grandes muros, Monroy entendió el arte como una extensión de la militancia política. Fue miembro del Taller de la Gráfica Popular (TGP), organización clave en la difusión de ideales antifascistas, y cofundó el Taller Frida Kahlo. Ese activismo se manifestó en su pertenencia al Partido Comunista Mexicano y al Frente Nacional de Artes Plásticas, en defensa de las causas obreras y campesinas.
Leé también: Arte que se esfuma, impacto que perdura
La docencia ocupó más de tres décadas de su vida, especialmente en el Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca (IRBAC) y en la dirección de la Escuela de Artes Plásticas de Acapulco. Con una labor pedagógica inquebrantable garantizó que la técnica y la filosofía del muralismo no murieran con su generación. De esta manera, formó múltiples capas de nuevos creadores en el estado de Morelos, donde residió por más de 60 años.

Guillermo Monroy Becerril, más de un siglo de muralismo [Imagen], por Sol Yucatán.
En septiembre de 2024, la relevancia de su legado fue ratificada con la Medalla de Oro Bellas Artes en artes visuales, el máximo galardón otorgado por el INBAL. Cabe destacar que su obra no sólo habitó recintos como el Palacio de Bellas Artes, sino que viajó a salas de Rusia, China, Alemania y Estados Unidos. Así fue como exportó la sensibilidad de la plástica revolucionaria mexicana al resto del mundo.
También puede interesarte

La obra existe mientras las condiciones lo permiten y desaparece cuando la naturaleza retoma su curso. Conocé más sobre estas intervenciones fugaces.

Con la fase de selección concluida y la expectativa al límite tras un arranque simbólico en el Metro Candelaria, la capital se alista para una invasión de talento global.