ARTE URBANO

El museo Banksy en primera persona

Una experiencia inmersiva que transforma el street art en instalaciones tridimensionales. ¿Arte rebelde o producto de consumo? Lee la nota y sacá tus propias conclusiones.

Portada de El museo Banksy en primera persona

Como se aprecia en la esquina inferior derecha, las ratas son un recurso que reitera el artista en sus obras y tiene un significado bastante particular.

Por Agustin Dominguez Prieto

Última actualización el 7 de enero de 2026

Visité el Museo de Banksy en Madrid un domingo de noviembre a última hora, cuando Arganzuela ya empezaba a calmarse después del ritmo del fin de semana. Me sorprendió que, incluso a esa hora, hubiera bastante movimiento de gente, lo cual me confirmó que el fenómeno Banksy despierta una curiosidad constante. Apenas entré, sentí que la propuesta del espacio iba a ser más completa de lo que imaginaba. Porque no es solo una muestra de murales, sino un recorrido inmersivo que intenta condensar el espíritu rebelde del artista.

El museo está ubicado en Paseo de la Esperanza 1, muy cerca de Acacias y Embajadores. Me llamó la atención lo accesible que es. Se puede llegar fácilmente en metro, autobús o incluso a pie desde zonas más céntricas. Otra opción, no tan recomendable, es ir corriendo para llegar a la última visita, tal y como hice yo. Abre todos los días de 10:00 a 20:00, con horario extendido los jueves hasta las 21:00

Un recorrido de 170 obras

Desde el principio, la muestra deja claro que busca ser lo más abarcativa posible. El museo afirma tener más de 170 obras, o sea, la colección más grande de Banksy en Europa. Entre los distintos ambientes, pude ver reproducciones a tamaño real de murales tan icónicos como “The Flower Thrower”, originalmente en Jerusalén, o “La chica del paraguas”, creada en Nueva Orleans.

Lo que más me gustó fue la forma en que las obras fueron integradas al espacio. Algunas no se limitan a estar pintadas en la pared y se complementan con objetos reales que enriquecen la escena. Una mezcla entre mural y objeto físico que genera una sensación envolvente, casi teatral.

Un rinoceronte pintado parece embestir un coche real, tal cual la obra original. Una escena que mezcla arte urbano y objetos físicos.

Además, me pareció muy logrado el uso de pantallasvídeos, fotografías y pequeños segmentos explicativos que ayudan a entender el contexto de cada obra. Banksy no es un artista fácil de encasillar, y sus mensajes cambian según el momento histórico, por lo que agradecí que cada pieza tuviera una explicación clara, sin restarle el misterio que caracteriza su trabajo.

La crudeza del mensaje

Mientras avanzaba por las salas, me detuve especialmente en los murales relacionados con la guerra entre Rusia y Ucrania. Verlos reproducidos en un solo espacio, uno detrás de otro, tiene un impacto mayor que cuando aparecen aislados en la calle o en redes sociales. Sentí una mezcla de incomodidad y reflexión. Banksy apunta justamente a eso, a que miremos lo que preferimos evitar.

Un niño practica una llave de artes marciales sobre un adulto (pareciera ser el presidente de Rusia Vladimir Putin), invirtiendo la relación de poder tradicional.

Debo admitir que, aunque no comulgo con muchas de sus ideas, siempre me resulta fascinante su forma de exponerlas. Su arte tiene una capacidad única para desnudar contradicciones sociales, denunciar abusos y poner el dedo en la llaga. Pocas veces un mural logra generar una reflexión tan profunda en tan poco tiempo.

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Una visita intensa y concentrada

Una de las cosas que más pensé al recorrer el museo fue la comparación con ver street art en su entorno natural. En la calle, los murales aparecen de repente, en lugares inesperados, casi como interrupciones poéticas en medio de la rutina. En el Museo de Banksy en Madrid, todo está condensado en un mismo lugar. Por supuesto que eso tiene una ventaja y es que permite ver la evolución del artista, entender sus temas recurrentes y conectar obras que, originalmente, están repartidas por distintos países.

Reconozco que en la calle los murales tienen más fuerza por su espontaneidad, pero en el museo ganan en contexto, en lectura y en profundidad. Es una experiencia distinta, pero no menos válida.

Reflexiones 

La mayor contradicción que encontré no estaba en las obras, sino en la salida del recorrido en el sector de merchandising. Ahí fue inevitable pensar en el choque entre el mensaje antibélico, anticonsumista y anticapitalista de Banksy y la existencia de toda una zona dedicada a la compra de productos inspirados en él. No me disgustó, pero sí me hizo reflexionar. ¿Es posible exhibir a Banksy sin caer en aquello que él critica? ¿O su obra ya está inevitablemente atrapada dentro del circuito comercial que tanto cuestiona?

En fin, salir del museo me dejó con una sensación curiosa. Por un lado, admiración por la creatividad, la técnica y la capacidad crítica de Banksy. Por el otro, cierto cuestionamiento sobre cómo su obra, tan ligada a la calle y al anonimato, se convierte en una experiencia museística. Sin embargo, creo que ese choque forma parte del fenómeno Banksy. Él mismo juega con esas ironías.

Mi visita al Museo de Banksy en Madrid fue intensa, sugestiva y sorprendentemente inmersiva. Más allá de las contradicciones que genera, es un espacio que vale la pena recorrer para entender de primera mano cómo un artista puede transformar un muro en una declaración política, en un poema visual o en una crítica feroz al sistema.

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Si te interesa el arte urbano, la provocación o simplemente experimentar algo distinto en Madrid, esta visita te va a dejar pensando. Y en eso, creo, reside el verdadero poder del arte de Banksy.

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