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ARTE URBANO

Los Calladitos, el arte de convertir el silencio en monumentos de color.
Ariadna Galaz y Jorge Peralta conforman Los Calladitos, un dúo mexicano de muralismo e ilustración. Comenzaron en el espacio público por una necesidad de expresión verbalmente inalcanzable y hoy viven una transición técnica hacia el cine de animación y la gráfica urbana. Se definen a sí mismos como "memoria en movimiento".
Fundado en 2015, este dúo, oriundo de San Miguel de Allende, nació bajo la premisa de que el arte debe respirar con la ciudad. La transición desde el espacio público hacia los estudios de animación no borró sus raíces, sino que las extendió hacia nuevas dimensiones narrativas.
"Empezamos pintando por la necesidad de expresarnos, de contar lo que no sabíamos decir con palabras", explican los artistas al recordar sus primeros pasos. Para ellos, el espacio público funciona como un organismo vivo que otorga libertad absoluta a la obra. "Nos interesaba que la obra no estuviera encerrada, sino que respirara con la ciudad", afirman.
La estética de Los Calladitos es fácilmente reconocible por sus personajes monumentales. Figuras que realizan oficios tradicionales pero con una característica mística. Si, ojos completamente blancos. Esta elección visual es meramente simbólica.
Ariadna Galaz y Jorge Peralta junto a su mural para México se escribe con M de Montana.
"Nuestros personajes suelen ser gigantes apasionados por su hacer, con los ojos blancos ya que decimos que están llenos de luz por dentro", detallan sobre su iconografía. Estos conviven en paisajes oníricos influenciados por la gráfica urbana y las leyendas populares. "La identidad latinoamericana es inevitable; está en los colores, en las texturas, en la melancolía y en la fuerza simbólica", aseguran.
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El trabajo de Ariadna y Jorge es una danza entre la introspección del taller y la escala épica del muro. Tienen un método que comienza siempre con el dibujo, pero se adapta radicalmente según el soporte que utilicen.
Para ellos, la técnica es un medio para un fin mayor. "El estilo no se busca, se construye trabajando", sostienen como una de las lecciones más valiosas de su trayectoria.
Mural en Francia de la obra Carmín y su manada de lobas. Hermandad y conexión simbólica en el espacio público.
Pintar a la intemperie conlleva retos que van más allá de lo artístico, desde el clima hasta la gestión de permisos y presupuestos. Sin embargo, el obstáculo más complejo es conceptual. "El mayor desafío es mantener honestidad en un entorno que a veces exige inmediatez", reconocen los muralistas.
Dos intervenciones de escala monumental.
A diferencia de otras disciplinas, el arte urbano está destinado a desaparecer, un hecho que el dúo abraza. "Aceptamos la efimeridad como parte del proceso. El mural vive mientras dialoga con la ciudad", declaran. Esta aceptación los impulsó a buscar en la animación una forma de preservar sus universos más allá del desgaste físico de las paredes.
A través de la colaboración y el respeto por sus colegas, Los Calladitos buscan generar un impacto humano que trascienda las pantallas y las redes sociales. Su consejo para las nuevas generaciones es simple: dibujar todos los días y no esperar el momento perfecto para actuar.
Cada una de sus obras tiene un objetivo diferente, pero un mismo propósito general. "Buscamos generar un momento de pausa, que alguien se detenga y que recuerde algo propio", concluyen.
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