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ARTE URBANO

El secreto mejor guardado del arte urbano enfrenta su hora más crítica.
La identidad de Banksy regresó al centro del debate global tras una reciente investigación de la agencia Reuters. Esta señaló nuevamente a Robin Gunningham como el hombre detrás del artista urbano más influyente del siglo XXI. La pregunta que todos nos hacemos es ¿será? o la obsesión por ponerle nombre y apellido al autor es, en realidad, un mecanismo para neutralizar la carga política de su obra y convertir el gesto artístico en una biografía manejable.
La investigación de Reuters insiste en desvelar lo que para muchos ya era una sospecha. Robin Gunningham es la persona física que ejecuta los stencils. Esta necesidad de "levantar la piedra" para que nada quede oculto responde a una incapacidad de la sociedad moderna para tolerar el anonimato. Según Michel Foucault, se entiende que el autor funciona como un ordenador del discurso. Al identificar a Banksy, el sistema logra domesticar su mensaje. Saber quién habla permite decidir cómo escuchar y, fundamentalmente, limita la fuerza de lo que se dice en el espacio público.
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La investigación se basa en un rastreo minucioso de registros que abarcan más de dos décadas. El documento clave que precipitó las conclusiones fue una confesión manuscrita hallada en registros policiales de Nueva York del año 2000, donde un joven Robin Gunningham fue arrestado por alteración del orden público tras realizar una intervención urbana. Además, la agencia analizó registros migratorios de 2022 que sitúan a Gunningham en Ucrania coincidiendo con la aparición de los murales en las zonas bombardeadas. Los periodistas también utilizaron análisis fotográficos para comparar accesorios personales, como relojes y tatuajes, captados en distintas épocas.

La huella de Banksy en Ucrania.
Para eludir el radar de las autoridades y de la prensa tras la primera gran filtración de 2008, Banksy habría adoptado la drástica medida de cambiar legalmente su nombre a David Jones. Al elegir uno de los nombres más comunes en el Reino Unido, logró una forma de anonimato burocrático que le permitió continuar en la clandestinidad.
Mientras el mundo discute sobre la identidad civil del artista, Banksy utiliza su secreto como una herramienta de guerrilla urbana. Sus obras más recientes en Bayswater y el centro de la capital británica muestran a dos niños sin hogar, abrigados y tirados en el suelo señalando al cielo. Esta temática de la invisibilidad social se entrelaza con la propia invisibilidad del autor. Si el público conociera la psicología y el rostro de quien pinta, la obra se reduciría a un producto de consumo etiquetado.

La última intervención de Banksy [Imagen], por Reuters.
El historial de Banksy indica que sus intervenciones suelen ser respuestas directas a la hipocresía institucional. El mural borrado en septiembre en el Tribunal Superior de Londres, que criticaba la falta de libertad de expresión, es un ejemplo de cómo el artista utiliza su identidad oculta para desafiar al poder judicial.
Si se tienen en cuenta sus patrones habituales, es probable que la próxima obra aparezca en un punto de alta visibilidad política antes de que termine el invierno. La identidad de Robin Gunningham podrá ser noticia mundial (no confirmada del todo), pero el arte de Banksy reside en su capacidad de permanecer inalcanzable para el archivo y la etiqueta oficial.
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