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DEPORTES

Pedro Angelani, la joya santafesina del BMX (Instagram/Pedro Angelani).
Más allá de que el gran emblema del BMX argentino hoy tenga nombre propio en José Torres Gil, ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París, una joven estrella empieza a abrirse paso entre los grandes talentos del país, y su nombre es Pedro Angelani.
Con tan solo diez años, Pedro Angelani aparece como una de las grandes joyas emergentes del BMX a lo largo y ancho de Argentina. Pero su historia con las bicicletas empezó mucho antes de los parques, los trucos y las competencias: nació en el juego, en la curiosidad y en una búsqueda casi instintiva por despegarse del suelo. “Desde muy chico que ando en bici (dos o tres años), nadie de mi familia practicó, ni practica BMX, lo conocí de casualidad. Me gustaba saltar cordones y poner tablas con ladrillos para hacer planos para volar y caer como podía”, recuerda Pedro sobre su primer acercamiento al mundo de las bicicletas y los saltos.

Pedro Angelani en los aires de Rancho Dirtcamp (Instagram/Pedro Angelani).
Sus inicios fueron con una camicleta de supermercado que le regalaron sus padres, con la que se tiraba por cordones y los planos de las veredas, improvisando saltos como podía. Hasta que un día, un amigo del barrio le prestó una bicicleta rodado doce y algo hizo click: salió andando como si la hubiese usado toda la vida.
A partir de ahí, la bicicleta dejó de ser un juguete para transformarse en una extensión natural de su rutina. Sus padres lo llevaban de paseo a pueblos vecinos y, en una de esas escapadas familiares, apareció un descubrimiento que terminaría marcando su camino: un skatepark en San Nicolás de los Arroyos.
Tan solo un fin de semana después volvieron, esta vez con la bicicleta. Y algo cambió para siempre. Entre rampas, intentos y esa sensación nueva de volar por primera vez, Pedro encontró un mundo al que no dejaría de volver.
En uno de esos tantos paseos de fin de semana, Pedro Angelani y su familia visitaron Rosario, en una salida que terminaría marcando su primer gran acercamiento con el BMX como cultura y como deporte. En un galpón cerca del río, frente a un parque para chicos, había rampas de madera y riders volando de un lado al otro. Pedro todavía no lo sabía, pero estaba frente al mítico Helltrack, uno de los espacios más emblemáticos de la escena argentina: “Entré, miré y a mis papas le dijeron que tenían una escuela: me anotaron y fui varias veces. Cada día progresaba un poco más, aunque se hizo complicado poder ir a cada clase y dejé, pero seguí por la mía”.
Aquellas primeras visitas a Helltrack fueron el comienzo de una conexión más profunda con la disciplina. Entre clases, aprendizajes y horas mirando a otros riders para copiar movimientos, el BMX empezó a ocupar cada vez más lugar en su vida.
El talento de Pedro Angelani (Instagram/Pedro Angelani).
Incluso cuando se hizo difícil sostener la rutina en la escuela del parque, Pedro siguió por la suya, impulsado por una idea simple: cada día quería más. Para esa altura, la pasión no solo había cautivado a Pedro: empezaba también a convertirse en un proyecto familiar.
Su papá comenzó a involucrarse cada vez más, desde la mecánica hasta el armado de sus bicicletas y el acompañamiento en cada paso. Ese vínculo fue creciendo al mismo ritmo que Pedro arriba de la bici, y con el tiempo llegaron nuevas etapas, nuevos desafíos y una bici que él todavía recuerda como un punto de quiebre: una Glint 16 que define como “una nave espacial para la época”.
Con ella empezó a andar más fluido, aparecieron los primeros trucos limpios, los viajes a otras provincias y una apertura mucho más grande hacia la escena del BMX, donde llegaron cruces con riders de su edad, nuevas comunidades y también encuentros con referentes como José Torres Gil, ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París.
Con el paso del tiempo, ese crecimiento también empezó a medirse en kilómetros recorridos, nuevos trucos y experiencias compartidas. Lo que había comenzado como una pasión descubierta casi por casualidad terminó llevando a Pedro a recorrer el país junto a su familia en busca de eventos, parques y nuevos desafíos.
De Río Grande a Mendoza, pasando por Uruguay y hasta Costa Rica, cada viaje fue ampliando su universo dentro del BMX. En ese recorrido llegaron nuevos lugares para entrenar y también una evolución en sus bicicletas, con configuraciones cada vez más profesionales que acompañaron su progresión. Al mismo tiempo, empezó a codearse con grupos de riders más grandes que él, a ganarse un lugar dentro del ambiente y a vivir momentos que —más allá de los resultados— lo empujaron a construir identidad dentro de la escena. Porque en ese proceso no solo fue creciendo como rider: también empezó a convertirse en alguien dentro del BMX argentino.
Aunque tenga apenas diez años, para Pedro Angelani el BMX hace tiempo dejó de ser solamente un hobby para convertirse en una pasión que, en muchos aspectos, ya roza una lógica casi profesional. Detrás de cada truco, cada viaje y cada progreso hay una rutina sostenida que combina horas arriba de la bici con preparación fuera de la pista.
“Entreno mucho tiempo a la semana: fijo martes y jueves al menos dos horas cada día en HELL y después en San Nicolás o en algún park alternativo. Me gusta entrenar con amigos. En la semana complemento con gym, tengo una rutina armada por especialistas para fortalecer miembros superiores e inferiores, espalda y piernas”, cuenta el joven santafesino acerca de su rutina de entrenamiento.
En buena parte de los deportes urbanos, crecer también implica aprender a hacerlo muchas veces sin demasiadas estructuras. Y aunque el BMX argentino haya ganado visibilidad en los últimos años —sobre todo después del impacto de José Torres Gil y su medalla olímpica— para Pedro Angelani el sostén cotidiano sigue estando mucho más cerca: en la familia, en la escena y en quienes empujan desde abajo.
Pedro Angelani, la joya del BMX argentino (Instagram/Pedro Angelani).
“Con respecto al apoyo es mucho, pero más de parte mi familia. La realidad es que las grandes marcas buscan otras cosas, que hoy los más peques no tenemos, entonces caemos en tocar puertas y conseguir cosas. El deporte se visualizó en forma masiva por Maligno y su medalla, pero el aporte no llegó en esa medida: seguimos con las mismas pistas y no tenemos un centro de entrenamiento”.
En ese recorrido, las redes también ocuparon un lugar importante. Su familia creó un perfil de Instagram para mostrar su evolución, difundir la actividad y demostrar que otros chicos también pueden acercarse al BMX desde el juego y la diversión.
Pero incluso ahí aparece una mirada consciente. Lejos de romantizar el mundo digital, Pedro entiende las redes como una herramienta para compartir, aunque también advierte sobre los espejismos que circulan en ellas. Y quizás ahí aparece otra señal de madurez: entender que crecer en el deporte también implica aprender a filtrar qué inspira y qué distrae.
Quizás suene llamativo que un rider de apenas diez años de edad pueda dar consejos sobre un deporte tan exigente como el BMX, pero, en este caso, pocas voces parecen más genuinas para hacerlo que la de Pedro Angelani: “Ir de a poco, no se hace flip ni whipp a la semana de andar en bici, ir en la escalera de aprender los básicos y subir. Que sepan que no todo lo que se ve en redes es verdad, que lleva mucho esfuerzo y dedicación, pero que volar junto con Gaby Chavez es posible y que entrenar con Maligno se puede. Hay un montón de gente que les va a dar una mano y otras que no, pero las van a encontrar”.
Pero sus recomendaciones no quedan solo para quienes empiezan arriba de una bici. También extiende un mensaje hacia las familias que acompañan a niños que quieren seguir ese camino. Pedro pone el foco en algo que considera fundamental: las protecciones, el acompañamiento y no apurar procesos. Asesorarse, elegir bien los espacios para practicar y priorizar la seguridad aparece, para él, tan importante como aprender un truco nuevo. Porque si algo deja claro, es que progresar no es ir más rápido: es hacerlo bien.
Todas las personas que dan sus primeros pasos en un deporte suelen perseguir un gran objetivo: competir en ese escenario que miraban de chicos, cruzarse con referentes admirados o alcanzar algún día aquello que parecía imposible. Pero en el caso de Pedro Angelani, ese sueño tiene una forma muy clara y un mismo color: representar a Argentina.
“Sueño con representar a Argentina, con seguir creciendo arriba de la bici, con ser la inspiración para que otros empiecen: competir y dar lo máximo que puedo. En este deporte, no siempre sale, en cinco segundos pasas de ganar a perder y esto es así, pero cuando te da… es increíble”, comenta a la hora de sus sueños máximos arriba de la bicicleta.
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