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ARTE URBANO

Dos lugares diferentes que comparten desafíos frente a la modernización y la pérdida de sus raíces rurales y ancestrales.
El muralista puertorriqueño Rafique construyó un histórico puente cultural entre Latinoamérica y Asia con la creación del mural “Sembrando Conciencia”. Esta obra, plasmada en la Escuela Elemental de Kamiyamaguchi, ubicada en la prefectura de Kanagawa, tiene la iconografía indígena taína y las tradiciones agrícolas japonesas. Se trata de un proyecto que representa la primera intervención del artista en el país nipón y forma parte de su iniciativa autogestionada titulada “Encuentros Transculturales”.
La pieza central del mural presenta a una niña japonesa en plena labor de siembra de arroz, rodeada por un patrón inspirado en el sol taíno. Rafique seleccionó este símbolo por su carácter universal, ya que el sol es un elemento fundamental tanto en la mitología del Caribe como en la identidad nacional de Japón, el "País del Sol Naciente".
El artista trabajó durante una semana en la ejecución física de la obra, aunque el proceso de conceptualización y logística le tomó cerca de un año. Para materializar la propuesta, contó con la colaboración de la gestora cultural Mami Ozawa, una mujer budista que vivió en la República Dominicana y facilitó el vínculo con la comunidad escolar de este pequeño pueblo cercano a Hayama.
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Una de las características más distintivas de esta intervención fue la dinámica colaborativa con los estudiantes de la escuela. Los niños, quienes inicialmente desconocían la ubicación geográfica de Puerto Rico, utilizaron pintura acrílica para reinterpretar figuras de la fauna y el cosmos indígena caribeño, tales como:
Más allá del intercambio estético, el mural cumple una función de preservación histórica. Tras investigar en el centro cultural local, Rafique descubrió que Kamiyamaguchi era tradicionalmente un pueblo arrocero cuya práctica agrícola ha mermado debido a la modernización. Al pintar a una niña sembrando este grano, el artista busca que las nuevas generaciones reconozcan y valoren el legado agrícola de su entorno inmediato.
Un toma que deja apreciar cada detalle de la obra.
La estancia del artista en Japón también supuso un aprendizaje personal. Rafique destacó el choque cultural entre la efusividad caribeña y la formalidad japonesa, donde las reverencias sustituyen a los abrazos. A pesar de estas diferencias, logró plasmar su esencia mediante el uso del aerosol, técnica que utilizó para las secciones principales de la obra mientras los alumnos completaban los detalles manuales.
Además de este mural, dejó su huella en otras zonas como Tokio y manifestó su interés por conocer las regiones de Okinawa y Hokkaido, con el fin de estudiar a los pueblos indígenas Ainu y Ryukyu. El compromiso internacional del artista boricua continuará expandiéndose el próximo mes de abril, cuando viajará a Bermudas para iniciar un nuevo proyecto muralista.
Otro ángulo del mural.
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