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MÚSICA

Una invitación a repensar qué significa el éxito, quiénes lo legitiman y qué queda afuera en una industria que no deja de mutar.
La literatura argentina sumó una pieza excepcional con la publicación de El ritmo no perdona. Un recorrido exhaustivo que analiza la evolución del hip hop, el trap y el RKT desde los años 90 hasta la actualidad. La obra cuenta con casi quinientas páginas, fue editada por Caja Negra y los autores Camila Caamaño y Amadeo Gandolfo.
La transformación del género en la última década responde a un alcance sin precedentes para la música nacional. Por primera vez, artistas como Duki logran llenar estadios como el Bernabéu o realizar giras extensas por Europa y Estados Unidos. Este crecimiento fue impulsado por la reducción de la brecha digital y la autogestión. Jóvenes con herramientas básicas como netbooks o tutoriales de YouTube profesionalizaran su sonido. El freestyle funcionó como un "potrero sin pelota" donde el registro audiovisual de eventos como El Quinto Escalón cimentó una mitología que convirtió a los raperos en superestrellas globales.
Duki - Rockstar [BERNABÉU 2024] / Apertura de Concierto.
A partir del año 2012, el trap comenzó a vender un ideal de independencia y ascenso económico rápido que caló hondo en la juventud. No obstante, los autores advierten que este "sueño" mutó. Mientras que en los inicios la autogestión implicaba comunidad, hoy la industria lo presenta como un activo empresarial. Actualmente, esa promesa de éxito se desplazó en algunos sectores hacia actividades como el streaming y las apuestas online, lo que genera una desconexión con el afuera y fomenta la frustración en espacios virtuales.
La relación entre el rock nacional y el trap pasó por etapas de rechazo, incomprensión y, finalmente, mutua legitimación. El libro describe cómo el rock, antes hegemónico, inicialmente eclipsó al rap de los 90. En la actualidad, figuras como Wos o Dillom son aceptadas en la esfera rockera, mientras que bandas nuevas como Winona Riders o Mujer Cebra conviven armónicamente con la escena urbana. Según Gandolfo, el virtuosismo técnico del freestyle actuó como un puente de contacto con la tradición rockera, aunque hoy ambos géneros han encontrado sus propios espacios de vigencia sin necesidad de "vampirizarse" constantemente.
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Uno de los puntos más críticos de la obra es la denuncia sobre la precarización del periodismo y la pérdida de profundidad en el análisis artístico. Caamaño y Gandolfo señalan que la crítica fue desplazada por formatos breves como reels, TikToks o plataformas como Letterboxd, donde prima el puntaje rápido y la reacción del fan por sobre el contexto histórico. Los autores abogan por recuperar una atención amorosa y reflexiva hacia la obra, alejándose de la cuantificación del arte que proponen herramientas como el Spotify Wrapped.
El libro rastrea momentos clave como el lanzamiento de "Tumbando el club" y analiza colectivos como la RIP GANG. También dedica capítulos específicos a la popización del género con figuras como Tini, María Becerra y Nicki Nicole, además de resaltar el rol de Cazzu como referente indiscutida. A través de un tono que oscila entre lo académico y lo subjetivo, los autores logran mapear cómo el trap dejó de ser una subcultura esotérica para convertirse en el sonido de una época que uniformó a una generación y transformó la estructura de la industria musical argentina de forma irreversible.
Tumbando el Club (Remix) (Official VIdeo).
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