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BoriBarber, el barbero de las estrellas del género urbano (Instagram/BoriBarber).
En un mundo donde la imagen vale tanto como el talento, hay un nombre que se repite entre las mayores figuras del deporte y la música urbana: BoriBarber, el puertorriqueño que transformó la barbería en un símbolo de estatus global.
Durante años, la barbería fue vista como un oficio tradicional, casi rutinario. Pero en el último tiempo se transformó en un fenómeno cultural. En la actualidad, el hecho de llevar el cabello prolijo, bien definido y lejos de cualquier descuido se ha convertido casi que en una carta de presentación: desde el trabajador que se levanta a las seis de la mañana hasta los adolescentes que pisan el colegio con el corte recién hecho. Y ni hablar de las grandes figuras de ambientes como la música y el deporte, que trabajan directamente con su imagen y entienden que cada detalle forma parte de su marca personal.

BoriBarber recortándole el cabello a Nicky Jam, uno de sus clientes más importantes (Instagram/BoriBarber).
Y deteniéndonos en la escena musical, muchas de las caras más protagónicas del género urbano latinoamericano comparten algo más que hits y escenarios: confían su imagen a la misma persona. Ese nombre es Luis Andrés Rivera, el puertorriqueño mejor conocido en redes sociales y en el mundo de las barberías como BoriBarber. Con más de 2,5 millones de seguidores en plataformas digitales, el barbero nacido en Patillas se convirtió en una de las grandes sensaciones del rubro, de esos nombres en los que aquellas personas que sueñan con cortar el cabello toman de inspiración. Un fenómeno que no solo se mide en números, sino también en su clientela: por sus manos pasaron figuras como Lionel Messi, Nicky Jam, Ashton Hall, Lunay, Jorge Andrés de We Got Kicks, Maluma, Arcángel, Bad Bunny y Ñejo, entre muchas otras personalidades del espectáculo y el deporte.
Más allá de la lista de celebridades y los millones de seguidores, lo que realmente distingue a BoriBarber es su capacidad para convertir un corte en parte de la identidad del artista. No se trata solo de recortar y dejar prolijo a su cliente, sino de entender el momento, la estética y el mensaje que cada figura quiere proyectar.
Nacido en La Puntilla, Puerto Rico, BoriBarber vivió un cambio que marcaría su historia cuando, a los doce años, se mudó a Miami junto a su padre. El desarraigo no solo implicó dejar atrás familia, costumbres y amigos, sino también a su barbero de confianza, esa persona a la que durante años le había confiado completamente su imagen.
Y es que en Estados Unidos sentía que nada era igual: los cortes costaban el triple y, para su gusto, no quedaban como esperaba. Esa incomodidad fue el punto de partida de una inquietud que cambiaría su vida: sino encontraba a alguien que lo dejara conforme, tendría que aprender a hacerlo él mismo. Así que para una Navidad, el puertorriqueño le pidió a su padre una máquina de cortar cabello y, sin saberlo, ese regalo se convertiría en la herramienta que definiría su futuro.
Los primeros intentos no fueron precisamente exitosos. En más de una ocasión terminó rapándose casi al ras mientras experimentaba frente al espejo. Pero lejos de desanimarse, cada error fue una lección. Practicando sobre su propia cabeza comenzó a ganar confianza, técnica y precisión.
Con el tiempo se animó a dar el siguiente paso: ofrecerse a cortarles el cabello a sus compañeros de escuela. “Acérquense, yo les corto y no les cobro”, fue la estrategia que le permitió empezar a construir su primera clientela. La máquina comenzó a formar parte de su rutina escolar, al punto de llevarla a los lockers del colegio, donde no solo atendía a estudiantes, sino también a personal de la institución. Y sin darse cuenta, estaba sembrando las bases de lo que sería su marca personal.
Siendo un joven con tan solo quince años de edad, llegó su primera oportunidad formal en una barbería. Allí comenzó a ganar sus primeros ingresos como barbero y, sobre todo, a entender la dinámica real del oficio: la atención al cliente, la disciplina, la constancia y la construcción de reputación.
Poco a poco fue ampliando su cartera de clientes, perfeccionando su técnica y desarrollando el estilo que hoy lo caracteriza. Ese crecimiento sostenido, construido desde la práctica y la perseverancia, es el que años más tarde lo llevaría a convertirse en el hombre detrás de los cortes de algunas de las figuras más influyentes del género urbano y del deporte internacional.
Ser considerado uno de los barberos más grandes del mundo no es un título que se regale. Y aunque sus millones de seguidores en redes sociales y el constante flujo de clientes en su barbería funcionan como una prueba visible de su impacto, el verdadero termómetro de su reconocimiento global está en los nombres que confiaron su imagen a sus manos.
Maluma, uno de los clientes de BoriBarber (Instagram/BoriBarber).
Mencionar a BoriBarber no es solo hablar de uno de los grandes íconos de la barbería latinoamericana a nivel mundial, sino también reconocer a una figura que elevó el oficio a otro nivel: un profesional que entendió que el corte dejó de ser un detalle estético para convertirse en identidad, presencia y marca personal.
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