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VIBES LATAM

La calidad no siempre está ligada a la guarda prolongada o al exceso de madera, sino a la capacidad de una etiqueta para capturar la pureza del viñedo y entregarla de forma transparente al consumidor.
En el universo de la vitivinicultura contemporánea emergió con fuerza el concepto de vinos de sed (o vins de soif). Se trata de etiquetas diseñadas específicamente para priorizar la alta tomabilidad y la frescura por sobre la complejidad estructural. Estos ejemplares se alejan de las degustaciones técnicas rígidas para ofrecer un perfil diferente, con una acidez marcada y una presencia protagónica de la fruta fresca. Los aliados predilectos para las altas temperaturas.
Esta línea representa la entrada al mundo de los vinos jóvenes de Bodegas Salentein. Se caracteriza por una tipicidad varietal nítida y una estructura ligera que facilita el consumo fluido. El nombre es un homenaje al paso de montaña histórico transitado por figuras como el General San Martín y Charles Darwin. Logran trasladar la esencia del terroir mendocino a una botella accesible, donde el color y los aromas primarios son los ejes centrales de la experiencia.
El diseño de la etiqueta Portillo refleja una estética joven que sintoniza con la frescura inmediata que el consumidor busca en este tipo de ejemplares de flujo.
Proveniente de una propiedad de 700 hectáreas en San José, Tupungato, el Serbal Cabernet Franc de Bodega Atamisque destaca por su perfil aromático y medio cuerpo. La línea debe su nombre al "Serbal" o "Dama de las montañas", un árbol sagrado en la mitología celta. En la copa, este vino despliega notas de frutos rojos livianos y matices herbales, sostenidos por una acidez jugosa. Un exponente de sed ideal para jornadas calurosas, que evita cualquier tipo de pesadez en boca.
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Bajo la firma de Bodega Susana Balbo, la primera enóloga de Argentina, este blanco es un ensamble de uvas de Cafayate (Salta) y el Valle de Uco (Mendoza). La línea Críos simboliza el legado familiar y el amor de la bodega hacia las nuevas generaciones. Este Torrontés es una explosión de notas cítricas, maracuyá y flores blancas. Tiene una frescura que lo posiciona como el acompañante natural para la gastronomía asiática, platos de fusión o pescados frescos, gracias a su perfil floral.
Nacido en la Finca Alluvia de Gualtallary, a 1.350 metros sobre el nivel del mar, este ejemplar de Doña Paula explora una variedad originaria del Rin, Alemania. Se diferencia por ser un blanco de acidez marcada y una personalidad mineral muy definida, producto de los suelos arenosos y calcáreos de la zona. Presenta un color amarillo pálido y aromas expresivos a jazmín y cítricos. Es un vino directo que busca refrescar el paladar sin recurrir a fórmulas enológicas complejas.
La altitud extrema de Gualtallary se traduce en una luminosidad única para los racimos de Riesling.
Este vino proviene de viñedos con manejo orgánico situados en Luján de Cuyo. La propuesta de Altos Las Hormigas con este Bonarda es resaltar la frescura de la montaña a través de una textura de taninos suaves y un carácter eminentemente frutal. El resultado en boca es un vino jugoso y de gran tomabilidad, con un final que recuerda a las cerezas y frambuesas. Por su estructura amable, resulta un maridaje versátil para platos de pasta con salsa de tomate o pizzas artesanales.
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