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ARTE URBANO

Melchor Peredo García, uno de los últimos emblemas del muralismo mexicano (Imagen del golfo).
El muralismo mexicano pierde a uno de sus últimos grandes exponentes: el capitalino Melchor Peredo García deja una obra marcada por la historia, el compromiso social y la huella imborrable dentro del movimiento artístico local.
Hablar del muralismo mexicano —ese movimiento creado por un grupo de intelectuales pintores después de la Revolución Mexicana— es, sin lugar a dudas, hablar de Melchor Peredo García, quien falleció recientemente tras una trayectoria que superó las tres décadas de producción artística. El nombre del artista nacido en la capital quedó ligado a una de las corrientes más representativas del arte latinoamericano, donde la pintura mural se convirtió en una herramienta de identidad, memoria y transformación social.

Melchor Peredo García junto a uno de sus trabajos artísticos (Telam).
Formado junto a referentes como José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros —quien fue su maestro en el Instituto Politécnico Nacional en el el Taller de Ensaye de Materiales de Pintura Mural—, el artista nacido en la Ciudad de México consolidó una obra profundamente atravesada por el realismo social. Su trabajo no solo dialogó con la historia y la cultura de su país, sino que también proyectó esa mirada a nivel continental, posicionándolo como una figura clave del muralismo moderno.
A lo largo de su carrera —caracterizada por el uso del fresco y otras técnicas murales tradicionales— Peredo desarrolló un lenguaje visual enfocado en los procesos sociales, la identidad popular y las luchas colectivas. En ese camino, realizó más de 30 murales en distintos puntos de México, con presencia en estados como Estado de México, Guerrero, Sonora y Veracruz, y extendió su obra a escenarios internacionales en países como Estados Unidos, Francia y Canadá.
La noticia de su fallecimiento fue comunicada por su compañera de vida, Lourdes Hernández Quiñones, quien lo despidió con un mensaje breve y cargado de emoción: “Melchor Peredo, mi compañero de vida, acaba de fallecer. Muralista, antes que pintor, artista de mirada creativa. Hoy vuela alto, ya en un cielo infinito de luz y color”.
El arte de Melchor Peredo en acción (Imagen del golfo).
Con su partida, el muralismo mexicano no solo pierde a uno de sus últimos grandes representantes, sino también a una voz que supo sostener y proyectar el espíritu de un movimiento histórico. Un legado que, a pesar de su partida, permanecerá en cada muro intervenido y en cada obra que trasciende fronteras, consolidándolo como una figura imprescindible tanto dentro como fuera del arte latinoamericano.
La huella artística de Melchor Peredo García se encuentra distribuida a lo largo y ancho de México, con murales emplazados en distintos estados, así como también en espacios internacionales de países como Estados Unidos, Francia y Canadá. Sin embargo, dentro de ese vasto recorrido visual y conceptual, hay piezas que logran condensar con mayor fuerza el espíritu de su obra y su compromiso con la historia y los procesos sociales.
Entre ellas se destaca su trabajo mural en Michoacán, particularmente en espacios públicos e institucionales, donde desarrolló composiciones atravesadas por la memoria colectiva, las luchas populares y la identidad latinoamericana. En estas obras, realizadas mediante técnicas tradicionales como el fresco, Peredo plasmó escenas cargadas de simbolismo social, con figuras humanas en tensión, narrativas históricas y una fuerte impronta política, elementos que dialogan directamente con la herencia del muralismo clásico mexicano.
Si bien estas piezas se posicionan como algunos de los puntos más altos de su producción, lo cierto es que la obra de Peredo no puede reducirse a un único mural. Su legado se construye en la totalidad de su recorrido, en cada intervención que llevó el arte a los muros como herramienta de expresión colectiva, consolidando así una trayectoria que trasciende obras individuales para convertirse en un testimonio vivo del arte latinoamericano.
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