Corgan, entre la arquitectura y la calle
El artista argentino Corgan habló sobre sus inicios, su proceso creativo, la importancia de los vínculos y la evolución de su obra.

Mateo Modic
21/10/2026
7 min
Cada artista encuentra su propio camino para acercarse al arte urbano: algunos llegan desde la música, otros desde el dibujo, la calle o las redes sociales.
En el caso de Julián Morales Zorrain, conocido como Corgan, ese vínculo apareció a través de la arquitectura. Desde allí comenzó a construir una mirada en la que ciudad, espacio público y experiencia humana conviven constantemente.
Arquitectura, primeros pasos y el nacimiento de Corgan
Cada artista encuentra su propio camino para acercarse al arte urbano: algunos llegan desde la música, otros desde el dibujo, la calle o las redes sociales. En el caso de Julián Morales Zorrain, conocido como Corgan, ese vínculo apareció a través de la arquitectura. Desde allí comenzó a construir una mirada en la que ciudad, espacio público y experiencia humana conviven constantemente.
Su llegada al arte urbano no estuvo marcada inicialmente por la búsqueda de un muro, sino por una disciplina que ya le permitía observar cómo se construyen los espacios, cómo se relacionan entre sí y qué sucede con las personas que los habitan.
“Empecé a acercarme al arte urbano bastante desde el lado de la arquitectura y del interés por la ciudad. Siempre me llamó la atención cómo una intervención podía modificar completamente la percepción de un lugar. Después de la pandemia empecé a acercarme más al stencil y a trabajar de una manera más sostenida en el espacio público”, recuerda Corgan.
Arquitectura, stencil y memoria: la identidad de Corgan
La esencia de las intervenciones de Corgan mantiene una relación constante entre la ciudad, la arquitectura y la experiencia humana dentro de ese territorio. Sus obras no aparecen como elementos completamente independientes del lugar donde son realizadas, sino como piezas que buscan dialogar con el contexto que las rodea.
“Me interesa trabajar con imágenes de personas, escenas urbanas, mapas, vistas aéreas, texturas, fragmentos de arquitectura y distintas formas de representar el territorio”.
En esa construcción también aparece una idea recurrente: la fragmentación. Sus imágenes pueden estar compuestas por capas, tramas, semitonos y distintas partes que se superponen para formar una imagen final. Ese recurso visual permite que una obra pueda adquirir diferentes lecturas dependiendo de la distancia, el lugar y la manera en la que el espectador se relaciona con ella.
A medida que avanzó su recorrido, esa mirada comenzó a profundizarse hacia cuestiones vinculadas con la memoria, la identidad y la pertenencia, especialmente alrededor de la manera en que las personas construyen su relación con los lugares que habitan.
En cuanto a las técnicas y los materiales, el stencil aparece como una de las herramientas principales dentro de su trabajo.
“El stencil es una de las herramientas principales de mi trabajo. Lo combino principalmente con pintura látex y aerosol, y dependiendo del proyecto también trabajo con pincel, rodillo y otras técnicas. Me interesa el stencil porque permite trabajar con síntesis, repetición, capas y contrastes. Pero también porque tiene algo muy vinculado con la reproducción y con la circulación de imágenes”, cuenta Julián sobre sus herramientas de trabajo.
Aunque la pared continúa siendo uno de sus soportes principales, Julián también reconoce que en el último tiempo comenzó a experimentar con otras superficies, como telas, papeles y diferentes formas de transferencia.
La calle, sin embargo, mantiene un lugar central dentro de su obra porque le permite trabajar directamente con el contexto y con las condiciones particulares de cada espacio.
“Me interesa que el mural pueda llegar a personas que quizás nunca entrarían a una galería o a un museo. Hay algo de esa circulación cotidiana que para mí es importante. Y también está el desafío de trabajar con una escala y unas condiciones que no controlás completamente”.
A la hora de realizar una intervención, Corgan parte principalmente de dos factores: la arquitectura y el entorno. Antes de pensar únicamente en la imagen, busca entender qué tipo de lugar tiene delante, cómo está construido y qué relación existe entre ese espacio y las personas que lo utilizan.
La escala también cumple un papel fundamental. Una imagen que puede funcionar correctamente en una pantalla o en un formato pequeño puede necesitar otra resolución, otro contraste y otra composición cuando pasa a varios metros de altura.
Así, el proceso creativo no termina con el diseño de una imagen: también implica pensar cómo esa imagen va a convivir con un espacio determinado y de qué manera será percibida por quienes pasan frente a ella.
Redes, oportunidades y crecimiento dentro del arte urbano
Dentro del recorrido de cualquier artista existen momentos en los que una oportunidad, una recomendación o una conexión pueden abrir una puerta que hasta entonces permanecía cerrada. En el arte urbano, donde muchas veces los proyectos surgen a partir de encuentros y redes construidas en la propia escena, esos vínculos adquieren todavía más importancia.
Para Corgan, el crecimiento de una obra también estuvo acompañado por las personas que aparecieron en distintos momentos de su trayectoria y por las oportunidades que surgieron a partir de esos encuentros.
“El arte urbano tiene una dimensión muy colectiva y muchas oportunidades aparecen justamente a partir de vínculos con otros artistas, gestores, espacios, festivales o personas que conocen tu trabajo. En mi caso también fue importante combinar la práctica artística con la arquitectura, la docencia y los talleres. Son mundos que se fueron cruzando y que terminaron generando nuevas posibilidades”.
En ese sentido, el recorrido dentro del arte urbano no se construye únicamente a partir de las obras terminadas. También se forma en cada conversación, cada colaboración y cada oportunidad que permite llevar una idea hacia un territorio nuevo.
Cómo cambió la mirada de Corgan con el paso del tiempo
Todo artista atraviesa una evolución constante desde aquella primera intervención hasta las obras que realiza años después. Puede suceder en cuestión de semanas, meses o incluso décadas, pero la búsqueda, los cambios de técnica y las nuevas preguntas terminan transformando la manera de crear.
En el caso de Corgan, esa evolución también aparece ligada a la forma en la que fue entendiendo el espacio público, incorporando nuevas herramientas y profundizando las ideas que atraviesan su obra: “Creo que al principio estaba mucho más concentrado en resolver la imagen y en aprender técnicamente cómo llevarla a una pared. Con el tiempo fui entendiendo que me interesa más construir un lenguaje propio y que la técnica esté al servicio de una idea”.
El paso del tiempo no solo modificó sus recursos visuales, sino también las preguntas detrás de cada intervención. La arquitectura, la memoria, la identidad, la pertenencia y la relación entre las personas y los espacios fueron adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de su proceso.
Así, el recorrido de Corgan puede entenderse como una búsqueda todavía abierta: una obra que no se mantiene fija, sino que continúa transformándose junto con las ciudades, los lugares y las experiencias que encuentra en el camino.
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