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True Buckets y una cancha que volvió a cobrar vida en Puerto Rico

El proyecto puertorriqueño recuperó una cancha de Gurabo en homenaje a Ricky y devolvió un espacio deteriorado a la comunidad del básquet callejero.

Portada de True Buckets y una cancha que volvió a cobrar vida en Puerto Rico
True Buckets, el proyecto número uno del baloncesto callejero en Puerto Rico (Instagram/True Buckets).
Autor

Mateo Modic

01/10/2026

4 min

Cuando una cancha vuelve a cobrar vida, el cambio no se limita a la pintura: también se recupera un espacio de encuentro para toda una comunidad. Eso hizo True Buckets en Gurabo, Puerto Rico, donde reacondicionó una cancha y la bautizó en homenaje a Ricardo “Ricky” Izarri Rivera.

Del abandono al básquet callejero: True Buckets renovó una cancha en Gurabo

El baloncesto callejero es una de las grandes expresiones de la cultura deportiva urbana en Puerto Rico y True Buckets se convirtió en uno de sus grandes referentes digitales.

En los últimos días, el proyecto volvió a llamar la atención al transformar una cancha de Gurabo y convertirla además en un homenaje a Ricky, un joven de 17 años de edad que falleció en un accidente.

El espacio fue bautizado como cancha Ricardo Andrés Izarri Rivera, en memoria de Ricky, y fue completamente reacondicionado por el equipo de True Buckets. La intervención comenzó con una limpieza profunda de la superficie y de los aros mediante agua a presión, seguida por un proceso de recuperación de las zonas deterioradas y de preparación de la cancha para la nueva pintura.

Después de retirar partes de la pintura en mal estado y trabajar sobre las superficies que necesitaban una recuperación, llegó el momento de reconstruir visualmente el espacio. Durante varias jornadas, el equipo avanzó con el pintado, la colocación de cintas para delimitar las líneas y la intervención de los aros, hasta completar una cancha con la identidad característica de True Buckets.

La nueva imagen está dominada por los colores azul, naranja y blanco, mientras que el logo del proyecto aparece en el centro de la superficie. A un costado también quedó presente el nombre de Ricardo Andrés Izarri Rivera, un detalle que convierte a la cancha no solamente en un espacio deportivo renovado, sino también en un lugar de memoria.

True Buckets y una cancha que volvió a cobrar vida en Puerto Rico
True Buckets como emblema del baloncesto callejero en Puerto Rico (Instagram/True Buckets).

El proyecto contó con el trabajo artístico de los puertorriqueños Hans María y De Tó, además de la participación de diferentes integrantes de la comunidad de True Basket. Entre quienes colaboraron aparecen Julián Torres y Bebote, junto con el resto del equipo, aportando herramientas, materiales y horas de trabajo para completar la transformación.

La intervención también incorporó bancos para el público, pensados para acompañar los encuentros y recuperar la idea de la cancha como punto de reunión. De esta manera, el reacondicionamiento no quedó limitado a la superficie de juego, sino que buscó devolverle al lugar las condiciones necesarias para que la comunidad pudiera volver a disfrutar del básquet callejero.

La publicación con la que True Buckets mostró el proceso rápidamente comenzó a circular por redes sociales y reunió millones de reproducciones y cientos de miles de likes, acompañada por comentarios cargados de emoción, agradecimiento y cariño hacia Ricky, a quien muchas personas recuerdan simplemente como Ricky.

True Buckets y una cancha que volvió a cobrar vida en Puerto Rico
True Buckets como punto de reunión en la comunidad puertorriqueña del baloncesto (Instagram/True Buckets).

La repercusión también dejó en evidencia el vínculo que existe entre True Buckets y la comunidad puertorriqueña. Lo que comenzó como un proyecto de contenido alrededor del básquet callejero terminó convirtiéndose en una plataforma capaz de movilizar personas para recuperar un espacio deportivo y resignificarlo a través del trabajo colectivo.

En ese sentido, la renovación de la cancha de Gurabo vuelve a mostrar una de las principales características del proyecto liderado por Juan Calzada: utilizar el básquet callejero como una herramienta para conectar personas, contar historias y transformar lugares.

Esta vez, además, el objetivo tuvo un significado especial. La cancha quedó como un homenaje permanente a Ricky y, al mismo tiempo, como un espacio recuperado para que chicos, jóvenes y toda la comunidad puedan volver a encontrarse alrededor de una pelota.

Porque detrás de cada nueva línea, cada aro pintado y cada pared recuperada hay algo que va mucho más allá de una remodelación: la posibilidad de devolverle vida a un lugar que forma parte de la identidad de un barrio y de mantener viva la memoria de una persona a través del deporte.

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