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DEPORTES

El slacklining desarrollado en la Plaza Garay de Buenos Aires, Argentina [Imagen], por Flickr.
Pies que bailan sobre sogas tensas, trucos y una hermandad que se arma en parques y plazas. El slacklining llegó para quedarse en la cultura urbana de Latinoamérica. Una práctica que suma adrenalina y flow al día a día.
El slacklining va más allá de la destreza física, enseña a concentrarse y encontrar el centro en medio del caos de la ciudad. Por otro lado, fortalece el cuerpo y da una paz mental increíble. Después de una sesión, se produce una sensación de conexión con uno mismo y con el entorno. Además, abre las puertas a una comunidad increíble, gente de todas partes con la misma pasión por el equilibrio y la buena onda.
La historia del slacklining empezó en las montañas gringas con escaladores qué buscaban entretenerse en sus ratos libres. La onda se expandió rapidísimo y pegó fuerte en Latinoamérica, donde le pusieron un toque propio. Hay slackliners en plazas de Buenos Aires, en las playas de Río, en los parques de Medellín, dándole algo único a cada lugar. Los pioneros quizás no hablaban español, pero la pasión por el equilibrio y la libertad trascendió idiomas y fronteras, convirtiéndose en una parte auténtica de nuestra cultura urbana.
No solo se trata de caminar, se vuela, se salta y se hace magia. El tricklining es la especialidad para los que buscan la adrenalina pura, con mortales y giros en el aire. Chicos y chicas se juntan en parques para practicar, compartir trucos nuevos y desafiar sus propios límites. El longlining también tiene su mística, se trata de caminatas largas que te exigen concentración al máximo, como si estuvieras meditando pero en movimiento. Y ni hablar del Para los más osados existe el highlining, que cruza alturas que te cortan la respiración.
Para empezar a darle al slackline, no necesitás una nave espacial. Con una cinta resistente, unos buenos puntos de anclaje como árboles fuertes o estructuras seguras, unas eslingas y un tensor, ya estás casi listo. La clave está en armarlo bien y en empezar de a poco. Los que ya tienen experiencia usan sistemas de seguridad más profesionales, pero para empezar a sentir la sensación, con lo básico alcanza.
En Argentina, el slacklining está en ascenso. En los parques de Palermo, en las plazas de Córdoba y hasta en los paisajes patagónicos más increíbles hay jóvenes practicándolo. Diferentes grupos se juntan a practicar, hacer talleres y compartir la pasión por la cinta.

Un desafío a la ley de gravedad en pleno corazón de la ciudad [Imagen], por National Geographic.
El slacklining es una invitación a ver la ciudad con otros ojos, a encontrar un espacio de libertad, un desafío en medio de la rutina. Si ves una cinta tensada en tu barrio, acercate y animate a probar. Quizás descubrís una nueva pasión.
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